El Jeepster Commando nació en 1966 como respuesta de Kaiser Jeep al creciente interés por los todoterrenos pensados también para el ocio. Con cuatro tipos de carrocería, motores de cuatro y seis cilindros y una concepción menos espartana que la de los Jeep tradicionales, abrió un camino que décadas después se convertiría en uno de los grandes pilares del mercado. Su historia tuvo además un capítulo particular en España, con el Jeep Comando fabricado por VIASA en Zaragoza.

Mucho antes de que las siglas SUV se convirtieran en una de las etiquetas más utilizadas por la industria del automóvil, los fabricantes ya empezaban a detectar que existía vida comercial para un todoterreno más allá del trabajo, el campo o los usos militares. El Jeepster Commando fue una de aquellas primeras respuestas.
Presentado por Kaiser Jeep en 1966 para el año modelo 1967, el vehículo recuperaba parte del espíritu del Willys Jeepster de finales de los años cuarenta, pero lo trasladaba a un mercado estadounidense que estaba cambiando rápidamente. Ford había lanzado el Bronco, International Harvester contaba con el Scout y Toyota tenía en el Land Cruiser uno de sus principales representantes todoterreno. Jeep necesitaba un producto capaz de competir en ese nuevo territorio.
Seis décadas después, resulta tentador describirlo simplemente como un antepasado del SUV moderno. La comparación necesita matices —su arquitectura y planteamiento continuaban siendo los de un verdadero 4×4—, pero su filosofía sí anticipaba una transformación decisiva: hacer que un vehículo con capacidades fuera del asfalto resultase atractivo para clientes que también querían utilizarlo durante su tiempo libre.
Cuatro carrocerías para un mismo Jeep
Una de las claves del Jeepster Commando estaba en su versatilidad. El C-101, denominado así por sus 101 pulgadas de distancia entre ejes —unos 2,57 metros—, utilizaba una base relacionada con el CJ-6 y podía adquirirse con cuatro configuraciones principales: roadster, pick-up, descapotable y station wagon.
La variedad era considerable para la época. Un mismo concepto podía convertirse en un vehículo abierto para actividades recreativas, en un familiar cerrado o en una herramienta de carga. Jeep intentaba así ampliar el radio de acción de sus 4×4 y, sobre todo, atraer a un comprador diferente del que tradicionalmente recurría a los CJ.
La propia comunicación comercial del modelo resulta reveladora. Jeep abandonaba parcialmente la imagen estrictamente utilitaria para presentar el Commando como un automóvil relacionado con el ocio y la aventura. La historia oficial de la marca recuerda que su lanzamiento estuvo acompañado de una campaña orientada a un público joven y a actividades recreativas junto al mar. Era un cambio importante. La capacidad todoterreno continuaba siendo esencial, pero ya no constituía necesariamente el único argumento para comprarlo.
El V6 Dauntless cambió las prestaciones
La oferta mecánica también ayudó a diferenciar al Jeepster Commando. En sus primeras versiones podía montar el conocido cuatro cilindros Hurricane F134, de aproximadamente 2,2 litros y 75 CV según las especificaciones estadounidenses de la época. Por encima se encontraba el V6 Dauntless de 225 pulgadas cúbicas, alrededor de 3,7 litros, que alcanzaba 160 CV SAE y 319 Nm de par.
La diferencia era considerable y convertía al V6 en una alternativa especialmente interesante para quienes buscaban algo más que capacidad para circular fuera del asfalto.
El Commando ofreció además una característica poco habitual entre los todoterrenos compactos de aquellos años: transmisión automática. La propia Jeep lo identifica como el primer 4×4 compacto que estuvo disponible con este tipo de cambio, asociado a una concepción que intentaba combinar capacidad todoterreno y facilidad de utilización cotidiana.
Visto desde 2026, cuando prácticamente cualquier SUV puede encontrarse con cambio automático y equipamientos orientados al confort, puede parecer una cuestión menor. En la segunda mitad de los sesenta suponía, sin embargo, acercar un vehículo de este tipo a conductores que no necesariamente buscaban una herramienta de trabajo.
De Kaiser Jeep a American Motors
La trayectoria comercial del Jeepster Commando atravesó además una etapa importante de la historia corporativa de Jeep. Kaiser fue responsable de su nacimiento y producción inicial. En 1970, American Motors Corporation (AMC) adquirió las operaciones de Kaiser Jeep y continuó comercializando el vehículo. Posteriormente llegó una importante actualización para 1972.
El nombre quedó entonces reducido a Jeep Commando y apareció el C-104. La distancia entre ejes aumentó hasta las 104 pulgadas —unos 2,64 metros— y el frontal fue rediseñado para poder alojar las mecánicas de AMC, incluidos motores de seis cilindros en línea y un V8 de 304 pulgadas cúbicas, aproximadamente cinco litros.
La evolución no consiguió garantizarle una vida comercial demasiado larga. La producción estadounidense terminó en 1973, cuando el mercado de los vehículos recreativos estaba entrando en una nueva etapa y Jeep preparaba otros productos que terminarían teniendo mucha más repercusión. En ese mismo periodo apareció el Cherokee SJ, un nombre que acabaría desempeñando un papel fundamental en la evolución posterior de los todoterrenos de la compañía.
Un 4×4 situado entre dos épocas
El interés histórico del Commando reside precisamente en el momento en el que apareció. Los primeros Jeep civiles estaban estrechamente relacionados con los vehículos militares de la Segunda Guerra Mundial. Su planteamiento priorizaba resistencia, sencillez mecánica y capacidad para circular en terrenos difíciles. En el otro extremo empezaba a surgir un cliente que quería esas mismas cualidades, pero sin renunciar a una carrocería cerrada, más comodidad o una utilización recreativa durante el fin de semana.
El Jeepster Commando intentó ocupar ese espacio. No era un SUV en el sentido contemporáneo. Seguía utilizando un planteamiento mucho más próximo al todoterreno tradicional y la tracción total formaba parte fundamental de su identidad. Sin embargo, la posibilidad de elegir diferentes carrocerías, motores más potentes, cambio automático y versiones con un tratamiento interior más cuidado mostraba hacia dónde comenzaba a desplazarse el mercado.
El Ford Bronco, el International Scout y el propio Jeepster Commando son algunos de los modelos estadounidenses que ayudaron a consolidar esa nueva categoría de vehículos recreativos con aptitudes todoterreno.
El particular capítulo español del Jeep Comando
La historia adquiere una dimensión diferente en España. VIASA —Vehículos Industriales y Agrícolas, S.A.— produjo en Zaragoza el Jeep Comando, un modelo desarrollado sobre el concepto del Commando estadounidense y adaptado a las necesidades del mercado nacional.
La producción española comenzó a finales de los años sesenta y se prolongó durante años bajo diferentes denominaciones y etapas industriales. El Comando se comercializó con distintas configuraciones, entre ellas versiones de pasajeros, furgón, doble cabina y caja abierta. Con los cambios empresariales posteriores, también apareció bajo las marcas Jeep-Ebro y Jeep-Avia.
Las mecánicas constituyen una de las principales diferencias respecto al modelo norteamericano. Mientras que en Estados Unidos el V6 Dauntless era uno de los grandes argumentos del Jeepster Commando, las necesidades españolas favorecieron especialmente los propulsores diésel.
Entre las motorizaciones utilizadas por el Comando fabricado en Zaragoza se encontraron motores Barreiros y, posteriormente, unidades Perkins. Tras la integración de VIASA en la órbita de Motor Ibérica, los vehículos pasaron progresivamente a utilizar motores Perkins y a comercializarse a través de las redes de Ebro y Avia.
Ese planteamiento respondía a una realidad distinta de la estadounidense. En España, el Comando tuvo una vertiente eminentemente práctica y encontró acomodo en trabajos agrícolas, transporte y otros usos profesionales, además de su utilización como vehículo particular.
Del vehículo de trabajo al automóvil para el tiempo libre
Celebrar los 60 años del Jeepster Commando permite observar hasta qué punto ha cambiado el mercado del automóvil. En 1966, combinar un verdadero todoterreno con argumentos de ocio, una carrocería familiar y cierto grado de confort suponía explorar un territorio relativamente nuevo. Hoy esa combinación constituye, transformada profundamente, una parte esencial del mercado mundial.
La diferencia está en que el SUV contemporáneo ha evolucionado en gran medida hacia plataformas, suspensiones y arquitecturas más cercanas a las de un turismo. El Commando pertenecía todavía inequívocamente al universo del 4×4 tradicional.
Por eso quizá sea más preciso considerarlo no como el inventor del SUV moderno, sino como uno de los vehículos que ayudaron a demostrar que existía una clientela para algo distinto: automóviles capaces de abandonar el asfalto que también podían servir para viajar, disfrutar del tiempo libre o simplemente desplazarse a diario.
Sesenta años después de su nacimiento, esa idea resulta extraordinariamente familiar. El mercado terminó convirtiendo aquella combinación de utilidad, aventura y uso cotidiano en una de las fórmulas comerciales más importantes de toda la industria del automóvil.
