Leapmotor ha superado la barrera de los 1,5 millones de vehículos entregados en todo el mundo, un registro que sitúa al fabricante chino en una fase de crecimiento más rápida que la de sus primeros años de actividad. La cifra llega en un momento en el que las marcas chinas de coches eléctricos compiten por ganar volumen fuera de su mercado doméstico, especialmente en Europa, donde el precio, la red comercial y la percepción de marca pesan tanto como la tecnología.
El dato más relevante no es solo el volumen acumulado, sino el ritmo. Leapmotor alcanzó el millón de entregas en octubre de 2025 y ha añadido otras 500.000 unidades en apenas ocho meses. Esa aceleración contrasta con la primera etapa de la compañía, que entregó su primer vehículo en China en junio de 2019 y necesitó más de cinco años para llegar al medio millón, marca que alcanzó en octubre de 2024.
El crecimiento reciente coincide con la puesta en marcha de Leapmotor International, la sociedad creada con Stellantis para vender sus eléctricos fuera de China. Esta estructura empezó a operar en septiembre de 2024 en varios países europeos y permite a la firma china apoyarse en una red comercial e industrial ya implantada, un factor clave para cualquier fabricante que intenta entrar en mercados maduros.
Hasta hace poco, el volumen de Leapmotor estaba muy condicionado por el mercado chino, el mayor escaparate mundial para el coche eléctrico y también uno de los más agresivos en precios. La expansión internacional cambia esa lectura: la compañía ya no busca únicamente crecer en casa, sino ganar presencia en regiones donde los eléctricos asequibles siguen teniendo margen, aunque se enfrentan a una competencia creciente y a un entorno regulatorio más exigente.
La alianza con Stellantis es la pieza que diferencia a Leapmotor de otros fabricantes chinos que han desembarcado en Europa con estructuras propias más limitadas. El grupo europeo aporta capilaridad comercial, conocimiento normativo y una base logística que puede reducir los tiempos de implantación. Para Stellantis, por su parte, la operación le permite cubrir segmentos eléctricos de precio contenido sin desarrollar desde cero una gama completa.
En Europa, la marca ha iniciado su despliegue con modelos como el T03, un urbano eléctrico, y el C10, un SUV familiar de enfoque más global. Ambos forman parte de la gama que Leapmotor utiliza para entrar en mercados donde la demanda de eléctricos depende cada vez más del coste total de uso y menos del simple efecto novedad que acompañó a las primeras oleadas de vehículos de batería.
La secuencia de entregas muestra una curva clara. Leapmotor llegó a las 500.000 unidades en octubre de 2024, alcanzó el millón en octubre de 2025 y ahora rebasa los 1,5 millones. En términos industriales, ese salto implica más presión sobre la producción, la cadena de suministro y la capacidad de mantener precios competitivos sin deteriorar márgenes, un equilibrio especialmente delicado en el coche eléctrico.
El fabricante con sede en Hangzhou se ha posicionado desde sus inicios en el segmento de eléctricos de orientación práctica, con una oferta que evita competir directamente en la parte más alta del mercado. Esa estrategia encaja con una tendencia más amplia: después de años centrados en prestaciones, autonomía y tecnología embarcada, el debate europeo se desplaza hacia el acceso real al vehículo eléctrico, especialmente en los segmentos urbanos y familiares.
Para el mercado español, la llegada de nuevos actores como Leapmotor añade presión a un escenario en el que las ventas de eléctricos avanzan de forma desigual. La infraestructura de recarga, el precio de entrada y la estabilidad de las ayudas públicas siguen condicionando la decisión de compra. En ese contexto, los fabricantes que consigan combinar precio, garantía, red posventa y disponibilidad de producto tendrán más opciones de ganar cuota.
El salto internacional de Leapmotor llega, además, en un momento de vigilancia política sobre el coche eléctrico fabricado en China. La Unión Europea ha endurecido el debate sobre la competencia, las ayudas estatales y los aranceles, lo que obliga a las marcas chinas a cuidar no solo su posicionamiento comercial, sino también su estrategia industrial y su relación con socios locales.
Ahí entra de nuevo el papel de Stellantis. La colaboración no convierte automáticamente a Leapmotor en una marca europea, pero sí le da una vía de entrada menos abrupta que la de otros fabricantes recién llegados. La distribución, el servicio técnico y la familiaridad del cliente con los concesionarios son elementos menos visibles que la autonomía o la potencia, pero resultan decisivos cuando una marca aún no tiene recorrido histórico en un país.
El hito de los 1,5 millones de entregas confirma que Leapmotor ya juega en una escala relevante dentro del ecosistema eléctrico chino. La cuestión que se abre ahora no es si puede fabricar y vender volumen, sino si podrá trasladar ese ritmo a mercados donde el cliente exige precios ajustados, pero también confianza, financiación, posventa y una experiencia de marca comparable a la de los fabricantes establecidos.
La próxima fase de crecimiento dependerá de cómo evolucione esa implantación internacional y de la capacidad de la compañía para sostener su gama más allá del impulso inicial. En un mercado europeo donde cada décima de cuota se disputa con descuentos, nuevos lanzamientos y presión regulatoria, Leapmotor ya no compite solo por darse a conocer: compite por quedarse.
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