MERCEDES-BENZ
El nuevo Mercedes-Benz Clase S ha iniciado su segundo cruce europeo dentro de una gira mundial que supera los 50.000 kilómetros y que terminará en Stuttgart a mediados de octubre. La ruta, planteada como un recorrido por 140 localizaciones de seis continentes, entra ahora en una fase clave: el regreso al mercado europeo, donde la berlina de lujo de la marca alemana se mide también a su propio legado tecnológico y comercial.
La caravana está formada por tres unidades del nuevo Clase S, que salieron a la carretera después de la presentación mundial del modelo el 29 de enero de 2026. En esta nueva etapa europea, el itinerario pasará por el sureste del continente, con paradas previstas en Turquía, Grecia y Hungría, antes de avanzar hacia los países bálticos, Escandinavia y Reino Unido. El viaje cerrará el círculo en Stuttgart, ciudad inseparable de la historia de Mercedes-Benz.
Más allá de la escenografía de una gira internacional, el movimiento tiene lectura de producto: el Mercedes-Benz Clase S sigue siendo el escaparate sobre el que la marca suele adelantar tecnologías que, con el tiempo, llegan a gamas inferiores. En el segmento de las berlinas de representación, cada generación del modelo se interpreta como una declaración técnica, especialmente en seguridad, confort, digitalización y sistemas de asistencia a la conducción.
El nombre de la gira, 140 Years. 140 Places, conecta directamente con los 140 años que separan a la industria actual del automóvil de sus primeros pasos. Mercedes-Benz sitúa ese relato en torno al origen mismo del coche moderno, con una referencia inevitable al Benz Patent-Motorwagen, construido por Carl Benz en 1885 y asociado al nacimiento del automóvil con motor de combustión interna. La elección de 140 paradas no es casual, sino una forma de convertir la efeméride en recorrido físico.
La primera fase del viaje arrancó en Stuttgart y atravesó varios mercados europeos, entre ellos Suiza, Francia, España y Bélgica. Desde allí, la caravana saltó a América del Sur, con presencia en Brasil, Argentina, Uruguay y Chile. El planteamiento no se limita a enlazar capitales: la marca busca puntos con valor simbólico, carreteras reconocibles y enclaves donde pueda asociar el coche a episodios de su trayectoria internacional.
Después llegaron las etapas de Norteamérica, Asia, Oceanía, India y África, con pasos por países como Australia, Nueva Zelanda, Kenia, Namibia y Sudáfrica. Esa amplitud geográfica permite situar al Clase S en contextos muy distintos, desde grandes áreas urbanas hasta rutas de larga distancia. Para un modelo de este tipo, la puesta en escena tiene sentido: su cliente potencial no se define solo por un mercado, sino por una presencia global muy concreta.
En cada parada, las unidades del nuevo Clase S no viajan necesariamente solas. La comitiva puede incorporar modelos clásicos, vehículos actuales de producción y flotas locales de Mercedes-Benz, lo que convierte cada encuentro en una especie de exposición itinerante. Esa mezcla entre pasado y presente funciona especialmente bien para una marca que ha construido buena parte de su identidad en torno a la continuidad tecnológica y al peso histórico de sus grandes berlinas.
El Clase S ocupa una posición singular dentro de la gama Mercedes-Benz. No es solo la berlina más grande y lujosa de la marca; tradicionalmente ha ejercido como plataforma de lanzamiento de soluciones que después se han democratizado en otros segmentos. En el mercado actual, dominado por los SUV y por la electrificación, mantener una berlina de representación con relevancia internacional exige algo más que presencia institucional: obliga a justificar su existencia como producto tecnológico de referencia.
La gira llega, además, en un momento delicado para las berlinas de lujo tradicionales. Sus rivales naturales, como el BMW Serie 7 o el Audi A8, compiten en un terreno cada vez más estrecho, presionado por los SUV de alta gama y por las nuevas propuestas eléctricas. En ese contexto, Mercedes-Benz utiliza el recorrido mundial para recordar que el Clase S conserva un papel específico dentro de su gama: el de buque insignia para clientes que siguen asociando representación y confort a una carrocería sedán.
La marca no ha centrado esta ruta en cifras técnicas del modelo, sino en la experiencia de uso y en el contacto directo con clientes, clubes y aficionados. Esa decisión resulta coherente con un coche cuyo valor no se explica únicamente por prestaciones o dimensiones. En una berlina como el Clase S, pesan tanto la percepción de calidad, el aislamiento, la tecnología embarcada y la experiencia a bordo como cualquier dato de aceleración o consumo que pueda aparecer en una ficha técnica.
Durante el viaje, la organización ha previsto encuentros con miembros de clubes de la marca, clientes y seguidores locales. También se han desarrollado reuniones espontáneas y presentaciones de vehículos en distintos puntos del recorrido. Es una fórmula habitual en fabricantes con una comunidad histórica amplia, aunque aquí adquiere mayor escala por la duración de la ruta y por el uso de un modelo que, dentro de Mercedes-Benz, funciona como referencia institucional y no como un simple lanzamiento comercial.
El regreso a Europa tiene un peso particular porque devuelve al coche a algunos de sus mercados más exigentes. Tras cruzar el sureste del continente, la ruta continuará hacia los países bálticos, Escandinavia y Reino Unido, territorios con condiciones de conducción y perfiles de cliente muy diferentes. Para una berlina de representación, esa diversidad permite mostrar versatilidad sin recurrir necesariamente a una prueba convencional: autopistas, zonas urbanas, carreteras secundarias y trayectos de largo recorrido forman parte del mismo relato.
El destino final será Stuttgart, donde la gira tiene previsto concluir en octubre. La elección es lógica: allí se concentra buena parte de la memoria industrial de Mercedes-Benz y allí arrancó también la primera etapa del recorrido. Volver al punto de partida después de atravesar seis continentes refuerza la lectura circular del proyecto, más cercana a una celebración histórica que a una presentación estática de producto en un salón del automóvil.
La dimensión digital también acompaña al recorrido, con actualizaciones en canales propios de Mercedes-Benz y contenidos publicados en plataformas sociales. La marca ha recurrido a varios presentadores para narrar distintas etapas del viaje, entre ellos Callum Mullin en Europa, Karl Shakur en Sudamérica, Benjamin Ortega en Norteamérica, Tom Exton en Australia y Tucker Doss en India. Esa estrategia busca prolongar la gira más allá de quienes puedan verla físicamente.
La gira del nuevo Clase S se produce en un momento en el que el concepto de lujo en el automóvil está cambiando. La electrificación, el software, los asistentes avanzados y la conectividad han desplazado parte del discurso que antes giraba en torno a cilindradas, acabados o silencio de marcha. Para Mercedes-Benz, mantener al Clase S como referencia implica defender una idea de berlina de representación adaptada a esa transición, sin depender únicamente del peso histórico del nombre.
El recorrido por 140 lugares no sustituye a las pruebas de producto ni a la respuesta del mercado, pero sí coloca al nuevo Clase S en el terreno donde siempre ha jugado con ventaja: el de la imagen, la tecnología visible y la continuidad de marca. Su llegada a Stuttgart a mediados de octubre cerrará una ruta excepcional por escala, aunque el verdadero examen del modelo seguirá estando en los concesionarios y en un segmento que ya no concede inercias a nadie.
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