©Ford From the Road
La electrificación del vehículo comercial ha entrado en una fase decisiva, especialmente en el entorno urbano. En ese escenario, la nueva Ford Transit City no sólo se presenta como un modelo más dentro del catálogo, sino como una herramienta pensada al milímetro para responder a las necesidades reales de empresas, autónomos y flotas.
Más allá del discurso, sus cifras dibujan con precisión el tipo de vehículo que Ford ha querido construir: eficiente, accesible y adaptado al ritmo de la logística urbana contemporánea.
La Transit City se dirige a un perfil muy concreto de usuario: empresas que operan en zonas de bajas emisiones, repartidores de última milla, servicios de mantenimiento, flotas municipales o incluso operadores de transporte refrigerado.
Es, en esencia, una furgoneta diseñada para entornos donde las paradas son constantes, los trayectos cortos y la eficiencia lo es todo.
El sistema de propulsión apuesta por una solución equilibrada. Incorpora una batería de 56 kWh con tecnología LFP (fosfato de hierro y litio), asociada a un motor delantero de 110 kW.
La autonomía estimada alcanza los 254 kilómetros, una cifra que no busca impresionar, sino ajustarse al uso real: más del doble de la distancia diaria que recorren de media muchas furgonetas en ciudades europeas.
Este planteamiento permite optimizar costes sin sobredimensionar el vehículo, una de las claves en el salto hacia la movilidad eléctrica en el ámbito profesional.
La eficiencia también se mide en el tiempo que el vehículo permanece parado. En este sentido, la Transit City ofrece dos opciones de recarga.
En corriente alterna de 11 kW, puede pasar del 10 al 80% en unas 4,5 horas, ideal para recargas nocturnas. En corriente continua, con una potencia máxima de 87 kW, ese mismo proceso se reduce a unos 33 minutos.
Además, en apenas 10 minutos es posible recuperar alrededor de 50 kilómetros de autonomía, una cifra clave para jornadas intensivas con múltiples rutas.
Uno de los argumentos principales del modelo está en su coste total de propiedad. Ford estima que el mantenimiento puede ser hasta un 40% más económico que en una furgoneta diésel equivalente, con intervalos de revisión de dos años o 40.000 kilómetros.
A esto se suma el ahorro potencial en energía, especialmente si la recarga se realiza en franjas horarias más económicas.
El respaldo de la red Ford Pro —con más de 800 centros especializados en Europa y cerca de 500 unidades de taller móvil— refuerza la operatividad en el día a día.
En el terreno práctico, la Transit City mantiene cifras competitivas. Puede transportar hasta 1.275 kg de carga útil, con un volumen de hasta 8,5 m³ en la versión L2H2 y una longitud de carga superior a los tres metros.
La gama se articula en tres configuraciones: furgoneta compacta L1H1, versión de mayor capacidad L2H2 y chasis-cabina, esta última especialmente pensada para transformaciones y usos específicos.
El interior combina funcionalidad y conectividad. De serie, incorpora una pantalla táctil de 12 pulgadas compatible con Apple CarPlay y Android Auto, junto a elementos clave para el uso intensivo: cámara de marcha atrás, aire acondicionado, arranque sin llave y asiento calefactado.
El modo de conducción con un solo pedal (one-pedal) se convierte en un aliado en ciudad, reduciendo la fatiga en trayectos con constantes paradas.
Fiel a la tradición de la gama Transit, el modelo ha sido sometido a pruebas que simulan diez años de uso y más de 240.000 kilómetros. Especial atención se ha prestado a los elementos más castigados en entornos urbanos: puertas, asiento del conductor o sistema de encendido.
La garantía de ocho años o 160.000 kilómetros para los componentes eléctricos completa un paquete pensado para generar confianza en un cambio de tecnología que aún genera dudas en algunos sectores.
La Ford Transit City no pretende ser la furgoneta más potente ni la de mayor autonomía del mercado. Su propuesta es otra: convertirse en la herramienta más lógica para el trabajo urbano.
En un momento en el que las ciudades exigen soluciones más limpias y eficientes, sus cifras reflejan una idea clara: la electrificación no es solo una cuestión de tecnología, sino de sentido práctico.
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