La berlina eléctrica de lujo incorpora nuevas celdas de batería, más materiales reciclados y una producción alimentada por energías renovables para reducir su huella de carbono.

BMW continúa avanzando en su estrategia de sostenibilidad con la actualización del i7, su berlina eléctrica más representativa. El modelo introduce mejoras en la reducción de emisiones tanto en su proceso de fabricación como en el propio producto, en línea con los objetivos climáticos del grupo alemán.
El enfoque no se limita al uso del vehículo, sino que abarca toda su cadena de valor, desde la producción de baterías hasta la fabricación en planta.
Baterías más limpias y eficientes
Uno de los cambios más relevantes se encuentra en la nueva generación de celdas de batería (Gen6), que BMW incorpora al i7. Estas celdas se fabrican exclusivamente utilizando energía procedente de fuentes renovables, tanto en su ensamblaje como en la producción de materiales clave.
Además, incluyen un mayor uso de materias primas recicladas —como litio, cobalto o níquel—, lo que contribuye a reducir la dependencia de recursos primarios y a disminuir el impacto ambiental.
Según la marca, estas mejoras permiten recortar aproximadamente un 33% la huella de carbono asociada a la producción de las celdas respecto a la generación anterior.
Más materiales reciclados en componentes clave
El esfuerzo por reducir el impacto ambiental se extiende también a otros elementos del vehículo. A partir de 2026, algunas versiones del i7 equiparán llantas fabricadas con hasta un 70% de aluminio reciclado.
Este tipo de soluciones, cada vez más habituales en la industria, buscan reducir el consumo energético asociado a la producción de materiales, especialmente en procesos intensivos como la fabricación de aluminio.

Eficiencia durante la conducción
Más allá de la producción, BMW también ha optimizado la eficiencia del vehículo en su uso diario. El conjunto de tecnologías EfficientDynamics actúa sobre aspectos como la aerodinámica, el peso, la resistencia a la rodadura o la gestión energética.
Este tipo de mejoras, aunque menos visibles que las innovaciones en baterías, resultan clave para reducir el consumo energético y, por tanto, el impacto global del vehículo a lo largo de su vida útil.
Producción con energías renovables
El BMW i7 se fabrica en la planta de Dingolfing, en Alemania, uno de los centros clave del grupo para modelos de gama alta. Esta instalación utiliza electricidad procedente al 100% de fuentes renovables y ha incorporado sistemas propios de generación energética, como instalaciones fotovoltaicas y una planta de biomasa.
La transición hacia fábricas más sostenibles es uno de los pilares de la estrategia de BMW, que busca reducir las emisiones no solo en el producto final, sino también en su proceso de fabricación.
Transparencia en la huella de carbono
Otro aspecto destacable es la publicación de la huella de carbono del vehículo a lo largo de todo su ciclo de vida, un ejercicio de transparencia que BMW lleva años desarrollando.
Esta información permite conocer el impacto ambiental del coche desde la extracción de materias primas hasta su uso y reciclaje, un enfoque que gana relevancia en un contexto de mayor exigencia regulatoria y de consumidores más informados.
El reto de la sostenibilidad en el segmento premium
El caso del BMW i7 refleja una tendencia creciente en el sector: la sostenibilidad ya no es exclusiva de modelos urbanos o de bajo coste, sino que se extiende también a vehículos de alta gama.
En un segmento tradicionalmente asociado a altas prestaciones y lujo, la reducción de emisiones y el uso de materiales reciclados se están convirtiendo en factores clave para mantener la competitividad en un mercado en plena transformación.
