¿Sabías qué...?

El calor convierte el interior del coche en una trampa para objetos cotidianos

Las altas temperaturas en el interior del vehículo pueden dañar objetos cotidianos y generar riesgos durante los viajes de verano. PRIMASEGUROS

El inicio del verano vuelve a poner sobre la mesa un riesgo poco visible para muchos conductores: lo que se queda dentro del coche cuando el vehículo permanece aparcado al sol. En plena temporada de desplazamientos, botellas de agua, teléfonos móviles, medicamentos, aerosoles o mecheros pueden pasar de ser objetos rutinarios a convertirse en un problema para la seguridad, la salud o el propio estado del habitáculo.

La advertencia llega en un momento especialmente sensible para la movilidad por carretera en España, con más viajes largos, más paradas intermedias y más vehículos estacionados durante horas en playas, áreas de servicio, aparcamientos descubiertos o calles sin sombra. Prima Seguros ha recordado este martes, 16 de junio de 2026, la conveniencia de revisar el interior antes de abandonar el coche durante un periodo prolongado.

Un habitáculo cerrado acumula mucho más calor que el exterior

El problema no está solo en la temperatura ambiente, sino en el efecto que se produce dentro de un vehículo cerrado. El parabrisas y las ventanillas permiten la entrada de radiación solar y el habitáculo retiene calor, de modo que el interior puede alcanzar temperaturas muy superiores a las que marca el termómetro en la calle. En ese escenario, el salpicadero, la consola central y la bandeja trasera se convierten en zonas especialmente expuestas.

La Dirección General de Tráfico lleva años insistiendo en que el calor afecta a la conducción, no solo por el cansancio o la deshidratación del conductor, sino también por el estado del vehículo y las condiciones del entorno. A esa lectura conviene añadir otra más doméstica: el coche no es un lugar adecuado para almacenar objetos sensibles durante una jornada de altas temperaturas.

La previsión meteorológica también condiciona estos hábitos. Los avisos de la AEMET por calor obligan a planificar los desplazamientos con más cuidado, pero también a pensar qué se deja dentro del coche entre trayecto y trayecto. Un parasol puede reducir parte de la exposición directa, aunque no convierte el habitáculo en un espacio seguro para cualquier producto.

Botellas, gafas y dispositivos: objetos normales, riesgos evitables

Las botellas de agua son uno de los objetos más habituales en cualquier viaje de verano. Llevar agua es recomendable, pero dejar recipientes de plástico durante horas al sol no lo es: el envase puede deformarse, el contenido se calienta y, en determinadas posiciones, una botella transparente puede concentrar la luz sobre una superficie concreta del interior, con el consiguiente riesgo si coincide con materiales sensibles.

Los móviles, tabletas y baterías externas tampoco se llevan bien con el calor acumulado. Las baterías de ion-litio son especialmente sensibles a las temperaturas elevadas y pueden perder capacidad, sufrir fallos de funcionamiento o, en casos extremos, deteriorarse de forma irreversible. En verano, dejar un smartphone sobre el salpicadero mientras se come en una estación de servicio es una mala práctica más frecuente de lo que parece.

Algo parecido ocurre con las gafas de sol. Aunque están pensadas para proteger la vista frente a la luz intensa, no todos sus materiales soportan bien una exposición prolongada sobre una superficie caliente. Las monturas pueden deformarse, las lentes pueden perder propiedades y, si quedan orientadas de una forma concreta, también pueden concentrar radiación sobre tapicerías o plásticos del habitáculo.

Medicamentos y cosméticos no deben viajar olvidados

Los medicamentos merecen una atención específica. Muchos tratamientos deben conservarse a temperatura ambiente y lejos de fuentes directas de calor, una condición que el interior de un coche aparcado en verano difícilmente cumple. La AEMPS recuerda cada temporada la importancia de respetar las condiciones de conservación indicadas en el envase y en el prospecto.

La consecuencia no es menor: un medicamento expuesto a calor excesivo puede perder eficacia o sufrir alteraciones que comprometan su uso. Por eso, si se transportan tratamientos durante un viaje, lo razonable es llevarlos en un bolso, una mochila o un neceser adecuado y retirarlos del vehículo al llegar al destino. En desplazamientos largos, algunos productos concretos pueden requerir condiciones de transporte más controladas.

También conviene vigilar los protectores solares, geles hidroalcohólicos y cosméticos. Las altas temperaturas pueden modificar la textura, el olor o la estabilidad de estos productos. En el caso de una crema solar, olvidar el envase en el coche durante varios días puede reducir su capacidad de protección, justo cuando más se necesita. El hecho de que un producto esté asociado al verano no significa que soporte bien el calor extremo.

Aerosoles, sprays y mecheros: el riesgo está en la presión y la inflamabilidad

Los aerosoles y sprays plantean un riesgo distinto. Desodorantes, lacas, repelentes de insectos, ambientadores o protectores solares en formato presurizado pueden sufrir un aumento de presión interna cuando quedan expuestos a temperaturas elevadas. No hace falta imaginar escenarios extremos: una fuga, una deformación del envase o una rotura ya pueden provocar daños en el interior del vehículo.

Los mecheros, cerillas y otros objetos inflamables tampoco deberían quedarse en el coche durante el verano, especialmente si quedan a la vista o cerca de superficies expuestas al sol. Son objetos pequeños, pero el calor acumulado dentro del habitáculo puede elevar el riesgo de incendio o explosión. En un coche moderno, con abundancia de plásticos, espumas, textiles y componentes eléctricos, cualquier incidente de este tipo puede escalar con rapidez.

La prevención pasa por gestos sencillos antes de cerrar el coche: retirar objetos sensibles al calor, evitar dejar productos presurizados en el habitáculo, aparcar a la sombra cuando sea posible y ventilar antes de reanudar la marcha. En viajes largos, además, interesa revisar presión de neumáticos, niveles, climatización y asistencia en carretera, porque el calor no solo afecta a lo que se deja dentro del coche, también al propio uso del vehículo.

María Rodríguez

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