Smart quiere que su nueva etapa se mida al volante. La marca ha abierto la reserva de pruebas de conducción para sus tres modelos eléctricos actuales, los Smart #1, Smart #3 y Smart #5, una gama que confirma el giro definitivo de la firma hacia coches de mayor tamaño, con carrocerías SUV y enfoque plenamente eléctrico.

En un smart, el viaje se convierte en destino.. ©Smart

El movimiento tiene interés porque Smart ya no compite en el mismo terreno que la hizo popular en Europa con el Fortwo. La firma, hoy centrada en vehículos eléctricos de nueva generación, ha pasado de los microcoches urbanos a una oferta que busca cubrir distintos escalones del mercado: un SUV compacto, una variante de corte más dinámico y un modelo superior llamado a ampliar su radio de acción familiar y rutero.

Del coche urbano al SUV eléctrico

El Smart #1 es el punto de entrada a esta nueva familia. Según los datos de homologación publicados por la marca, su consumo combinado WLTP se mueve entre 16,8 y 18,2 kWh/100 km, en función de la versión. La autonomía homologada oscila entre 310 y 440 kilómetros, con cero emisiones locales de CO₂ durante la circulación y clasificación de CO₂ A.

Por encima se sitúa el Smart #3, un modelo de planteamiento más estilizado dentro del mismo ecosistema eléctrico. En este caso, el consumo combinado WLTP declarado va de 16,3 a 17,6 kWh/100 km. La autonomía homologada alcanza hasta 455 kilómetros en la versión Premium, mientras que las variantes Pro, Pro+ y BRABUS/Pulse quedan en 325, 435 y 415 kilómetros, respectivamente.

La llegada del Smart #5 amplía el alcance de la gama hacia un segmento superior. Los datos comunicados sitúan su consumo combinado WLTP entre 18,4 y 19,9 kWh/100 km, dependiendo de si se trata de las versiones Pro+, Premium, Pro, BRABUS, Pulse o Summit Edition. Smart no detalla en esta comunicación la autonomía eléctrica asociada a cada variante del #5, por lo que conviene esperar a la ficha técnica completa de mercado para comparar su rendimiento real frente a los #1 y #3.

WLTP: una referencia útil, pero no absoluta

Las cifras de autonomía y consumo se expresan bajo el ciclo WLTP, el procedimiento europeo utilizado para homologar consumos y emisiones. Es una referencia más exigente que el antiguo NEDC, aunque en un coche eléctrico el resultado final en carretera sigue dependiendo de factores como la temperatura exterior, la velocidad sostenida, el uso de climatización, la orografía o el tipo de neumático montado.

La estrategia de Smart encaja con una tendencia clara del mercado europeo: el coche eléctrico urbano puro ha perdido protagonismo frente a los SUV compactos y medianos, que permiten mayores baterías, más autonomía y un uso menos limitado al entorno metropolitano. En ese contexto, la prueba de conducción cobra importancia comercial, especialmente para clientes que llegan al eléctrico por primera vez y necesitan comprobar aspectos como la respuesta del acelerador, la recuperación de energía o la planificación de recarga.

La nueva gama también modifica la percepción de la marca. El nombre Smart sigue vinculado a la movilidad urbana, pero sus productos actuales ya no se explican solo por el tamaño reducido o la facilidad de aparcamiento. Con los #1, #3 y #5, la firma se coloca en una zona mucho más competida, donde se enfrenta a otros eléctricos compactos y SUV de fabricantes generalistas y premium que también utilizan la autonomía WLTP, la eficiencia y el equipamiento como argumentos principales de compra.